
Desde pequeña me han encantado los libros, tanto que a los siete años ya jugaba a ser librera.
Por eso, cuando tuve que elegir carrera en la universidad, no dudé: Estudios Ingleses. Tras un máster en Traducción y varios cursos de corrección, me lancé a emprender para poder vivir de mi verdadera pasión: los libros.
Antes de empezar a trabajar como correctora, estuve varios años en una agencia de traducción. Allí aprendí muchas de las cosas que hoy considero indispensables para corregir: disciplina, organización, compromiso, cuidado por los detalles… Pero, sobre todo, descubrí algo fundamental: trabajar desde la empatía y la importancia de las guías de estilo para cada novela.
Cada manuscrito es un mundo y cada autora puede querer las cosas de una manera distinta, por eso me adapto a las necesidades de cada caso. Considero que una buena corrección es aquella que no se nota: no voy a quitarle tu voz al texto; al contrario, quiero potenciarla.
Además: